jueves, 6 de enero de 2011

¡Te me lo tomas todo!

La gramática tradicional que nos enseñaron en el tercer año de primaria afirma que el objeto indirecto –OI; también conocido como dativo— es aquel nombra al ser u objeto que recibe daño o provecho de la acción del verbo; es decir, nombra al ser u objeto sobre el que recae la acción del verbo en forma indirecta.
Hay algo más acerca del OI que, aunque lo usamos frecuentemente, la mayoría no registra. Se trata de un uso mediante el cual el sujeto de la acción se involucra en ésta indicando un vínculo estrecho de sentimiento o de interés respecto de lo sucedido en expresiones como cuídamelo mucho, estúdiame la lección, te me lo tomas todo, no me le des de comer tanto al niño. El me es una forma de OI comúnmente llamado dativo ético, que añade un matiz subjetivo al implicar al hablante como persona vivamente interesada y profundamente afectada por el proceso o la acción a que hace referencia el enunciado. De ahí que el dativo ético se considere un elemento de carácter muy expresivo y enfático, que encontramos sobre todo en la lengua coloquial, exclusiva del español y muy característica del español mexicano.
“Te me lo tomas todo” es más expresivo que tómatelo todo, pues significa: No quiero que te lo tomes, sino espero, deseo y me interesa que te lo tomes. Por medio del me, el hablante se incluye en la acción que se desarrolla. ¿Quién no escuchó en su infancia te me vas a lavar las manos o, ya más grande, te me vas a molestar a la más fea de tu casa? Expresiones como éstas no implica que el hablante esté a punto de una crisis nerviosa o a punto de quitarle la vida a quien lo escucha, pero si formulan quejas o preocupaciones que son más explícitas y expresivas que si se omitiera el adjetivo pronominal posesivo con función de dativo ético me.
El dativo ético es una construcción propia del español. Por ejemplo, los franceses dicen lloran mis ojos, mientras que nosotros decimos, con dativo ético: me lloran los ojos, como si dijéramos: lloran mis ojos, los que yo estimo tanto por ser míos, y todo esto se condensa en la forma de interés afectiva del dativo ético: me lloran los ojos.
Probablemente, el mayor encanto del dativo ético radica en la posibilidad de transmitir, mediante una palabra monosílaba, todo un desgarrón emotivo que seguramente no se podría expresar por medio de otras palabras de más arresto, fuerza y enjundia.

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